sábado, 23 de diciembre de 2017

"Las reglas completas de la seducción" Libro



Hola gente:


Hoy les traigo la presentación de mi nuevo libro: "Las reglas completas de la seducción".

Les comparto la introducción:

Introducción

A veces Manuel me esperaba en la puerta de la facultad y charlábamos largas horas de diversos temas, todos más que interesantes. Cada vez que charlábamos me daba la sensación de estar charlando con un maestro; alguien que sabía exactamente los detalles importantes del tema tratado. Sabía mucho de todo, con sus cincuenta y tantos años así debía ser, según él. Sin embargo parecía saber más de un tema en especial: la seducción.
Para Manuel la seducción no era algo innato, ni era un hombre muy agraciado (de hecho era bastante feo); pero Manuel sabía perfectamente las reglas de la seducción. Sabía qué hacer y cuándo para agradar de la manera que él quisiera a una mujer. Si quería ser su amigo, procedía de una manera; si solo quería sexo, era otro (cambiaba). Si buscaba una novia tenía (como supe luego), unas reglas y procederes específicos para la conquista.
A pesar de sus conocimientos y grandeza, Manuel era un personaje bastante oscuro. A mí (Alejandro), me llamaba mucho la atención su manera abismal de ser. Y digo que era oscuro porque una tarde de invierno de dos mil quince, Manuel me envió a casa un cuaderno marca Gloria que procedí a leer. Quise contactarlo para felicitarlo por la redacción tan amena e interesante, pero no contestaba el teléfono. Cometí el error de creer que el aviso de suicidio era parte de la ficción. Fui a su casa y su madre me contó entre llantos que Manuel Leiva se había ahorcado la noche anterior.
El cuaderno que me dejó en clara señal de amistad (o como grito desesperado de ayuda que no llegué a socorrer), habla de muchas cosas, pero principalmente de la seducción. En una nota al pie aclara que eligió esta temática al haber notado mi especial interés en este tipo de charlas.
Del cuaderno tomaré algunas de sus enseñanzas para homenajearlo, ya que él nunca publicó un libro y es para mí, un deber transcribir sus notas. También desenmascararé un secreto de Manuel para así intentar que su alma descanse en paz.
Ojalá sea este libro del agrado del lector  y le dé una aproximación a la grandeza de este escritor y amigo que fue Manuel Leiva.
A él va dedicado este homenaje…

Y el primer capítulo:

Capítulo Uno:De la sensualidad de la mirada


Parece haber en los ojos un portal que nos conecta con algo más que lo que se ve de una mujer. Al ver un buen cuerpo uno piensa en una bondad interior. Al ver acaso, unos ojos claros, uno en su ilusión, imagina los ojos de un ángel. La mirada es una puerta. No. La mirada es una flecha. La mirada apunta hacia donde vamos, hacia lo que queremos. Sí no nos gusta algo apartamos la mirada. Nada nuevo.
Sin embargo existen, en las miradas, infinitos subterfugios para la conquista. La mirada llama. La mirada expulsa. La mirada excusa. La mirada conquista.
Es iluso creer que todas las mujeres valen la pena. Así como sabemos de hombres atractivos que no valen la pena, por su pereza, su falta de ingenio, u otros problemas (a pesar de que muchas mujeres se compliquen enamorándose de esos hombres), también ocurre que muchas mujeres atractivas o no, no valen la pena. Ya volveré a este tema más adelante.
La mirada hacia una mujer que según nuestras creencias, es de nuestro agrado (no solo físico, insisto), debe ser semejante a un lazo. Cuando uno mira a una mujer hermosa la enlaza. No importa que haga ella. La mujer (mucho más astuta que el hombre), sabe reconocer esta mirada como un signo de virilidad e interés.
Se preguntará cómo es esta mirada, la mirada que enlaza. Esta mirada es la mirada que tienen los amantes luego de haber concretado el acto amoroso. Con esto tan polémico que escribo, sé bien que muchos se estarán imaginando a un hombre libidinoso con cara de necesidad. No es esto a lo que me refiero. Me refiero a que esa mirada, la que enamora (la que enlaza), debe prescindir de lo sexual. Debe incluso actuar una no necesidad del sexo. Una instancia post sexual, en la que la mujer y el hombre ya están en confianza.
Al mirar a la mujer deseada, ella debe sentir seguridad. Si uno la mira mucho, y no la conoce, y no le habla; puede asustarla. Si uno, al encontrarse con los ojos de esa mujer, esquiva la mirada, está muy cerca de perder a esa mujer. Las mujeres tienen muy poca tolerancia al rechazo. Es por esto que prefieren ser abordadas antes que avanzar. Obviamente esto se da en determinados casos. Por ejemplo, cuando los amantes aún no se conocen.
Es más factible que la mujer avance a la conquista, si ya conoce al hombre; es decir, si ya ha entablado conversación previamente.
Uno debe practicar las miradas a diario. Frente al espejo, o filmarse.
Muchos hombres sin saberlo, a pesar de ser atractivos, tienen la tendencia a esquivar la mirada. Luego no saben por qué fracasan ante el intento de conquista.
Es fundamental saber que, más allá de si uno es bien parecido, o culto, o un rufián, etcétera; si procede sabiamente podrá conquistar a la mujer deseada (siempre y cuando ella no sea casada, comprometida, lesbiana, o piense que usted es demasiado para ella).
Para terminar con el tema de la mirada: la mirada no debe ser más larga que tres segundos. Los ojos no deben estar muy abiertos, ni se debe levantar las cejas. Si se elige sonreír, la sonrisa debe ser sutil, y luego de que la mujer conteste con una sonrisa, el hombre debe presentarse formalmente.

Espero se copen y lo adquieran. les dejo el link de amazon, unque también está en Lulu.com y otras librerías.


Saludos.

Alejandro G. Vera


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